Una batalla olvidada en 1914 enfrentó a Alemania y Japón. Las comparaciones bélicas con el fútbol son una simple excusa para hablar de historia. Japón, la tierra de la ilusión naciente. Escribe Juan Stanisci.

Japón debió pasar un tifón y posibles emboscadas alemanas para poder invadir Tsingtao. Fue en 1914. Todavía no se presagiaba la alianza que derivaría en El Eje dos décadas después. El territorio no era japonés ni alemán, sino una bahía china. Pero Japón, la pequeña isla imperialista, con ayuda británica – cuando no- quería anexar ese puerto en manos de Alemania.

La toma de Tsingtao fue la lucha más importante en el extremo oriental del pacífico. Una batalla que duró dos meses. La primera que enfrentó ejércitos alemanes y japoneses. Gran Bretaña prestó algunos barcos y soldados para meter la cuchara en el asunto. No querían que Japón negociara por sí solo las condiciones de rendición.

El ejército alemán espero durante días el avance japonés. Desconocían si el asedio sería por tierra o mar. Ni siquiera sabían la forma de lucha japonesa. Ante un futuro incierto, mejor esperar. El resultado fue una derrota alemana.

Las comparaciones bélicas con el fútbol son una simple excusa para hablar de historia. Más de cien años después, en la lejana Doha, Alemania estuvo decidido a no esperar. Buscó durante el primer tiempo. Asedió a Japón. Mereció hacer uno, dos, tres goles. Pero en el segundo tiempo, la intensidad fue dando paso a la comodidad. Y esta última es la peor enemiga de cualquiera en una contienda bélica o futbolística. Japón nuevamente esperó. Dejó pasar el tifón teutón. Cuando los vientos amainaron se llevó puesta la victoria cantada de Alemania.

Hansi Flick creyó que estaba terminado. Los cambios buscaron cuidar las piernas de sus jugadores. Y el equipo lo sintió. Aunque el asedio continuó durante varios minutos. Pero Japón avisó. Una, dos veces. De Gran Bretaña llegó la ayuda: la jugada la armó el jugador de la Premier League Takumi Minamino. Neuer dio rebote y Ritsu Doan empezó a edificar el milagro.

Ante un futuro incierto Alemania decidió volver a esperar. Takuma Asano aguantó como pudo su marca. Entró como una daga en el área y le reventó el arco de Neuer. El resultado fue derrota de Alemania. Japón, la tierra de la ilusión naciente.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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