Vardemia

El VAR fue presentado como la herramienta para traer verdadera imparcialidad y justicia al fútbol. Hoy parece ser utilizado como de diferentes maneras según la camiseta que toca juzgar. Escribe Marcial Ferrelli.

La herramienta que llegaba para “limpiar” y darle justicia al juego del fútbol, mutó en un peligroso virus que cada vez que se utiliza, expone irregularidades y genera más suspicacias que la decisión humana dentro del campo.

La cantidad de errores arbitrales, las sospechas permanentes y la oscuridad del poder del fútbol, hicieron necesaria la creación de un sistema que pudiera enmendar lo que un ser humano no pudiera percibir con su vista. Esa nueva justicia, además de ayudar a los jueces de campo, limpiaría el juego y a los responsables de “organizarlo”.

Pero con el correr del tiempo, las benevolencias de la tecnología siempre dependen de alguien que la maneja. El Var resultó teniendo poder sobre el poder, y se convirtió en un árbitro con ojos de águila ultra HD que es juez y que puede influir en vivo, en la función del réferi principal. Es decir que ya no dirige uno y colaboran tres más, sino que son un equipo de 11 réferis decidiendo, con criterios diferentes, sobre las mismas situaciones. Ahora la herramienta parece cada vez más, un arma de destrucción masiva que atenta contra toda esencia del juego.

La tecnología por sí misma, corrige márgenes de error o es capaz de mostrar puntos ciegos al ojo del que imparte justicia, pero es inteligencia artificial y no puede tomar decisiones. La gran falla sigue siendo la decisión de cuándo se utiliza y cuándo se omite en la revisión de jugadas dudosas. En el Tenis, si bien no hay roce, no ocurre lo mismo. Cada jugador tiene un número de opciones para consultar el “ojo de halcón”, revisa la jugada digitalizada y marca si la pelota va adentro o afuera de la cancha, esa equivalencia muestra algo más de imparcialidad y permiten convivir con el error humano.

Tal como el Covid-19 al mundo global, el VAR se ha convertido para el fútbol en un enemigo invisible, capaz de desvirtuar la emoción y la magia que empoderaron al deporte por siglos. Aún no le han encontrado la vuelta al uso de la exactitud e inmediatez de la tecnología en función de no entorpecer la dinámica, la música y las bellas imperfecciones del balompié. A pesar de un debut que parecía prometedor en competencias de envergadura como Mundiales y Copas relevantes, el mal uso de la herramienta parece en caída libre. Se suman detractores luego de varios abusos que siempre favorecen a los equipos poderosos y dejan expuesta la decisión parcial de quienes manejan el Video Assistant Referee.

Desde la reanudación de la competencia post cuarentena en Europa han sucedido episodios dantescos. En la premier inglesa, no le concedieron un gol totalmente lícito al Sheffield United frente al Aston Villa. En un blooper un defensor embistió al arquero de su propio equipo y se metió con balón a la propia meta, pero ni el reloj del árbitro de campo, que marca si el esférico traspasa la línea de gol ni el VAR detectaron el ingreso de la pelota. Horas después del fallido, la empresa encargada del programa tecnológico, explicó que las siete cámaras ubicadas en las tribunas alrededor del arco fueron totalmente obstruidas por el arquero, los defensores y el palo. Ni siquiera puede garantizar exactitud en jugadas de precisión.

En España, las últimas fechas de la liga han dejado al descubierto la doble vara que utilizan los equipos de árbitros que manejan las cámaras y la revisión de jugadas dudosas. El ejemplo más claro es el penal que le concedieron al Real Madrid el último domingo. En un momento determinaron falta por un pisotón a Marcelo (que el juez de campo no observó), y a instancias de la matrix cobró penal. ¿Por qué no revisaron la jugada de Ramos, que era similar a la anterior, pero en el área del Real Madrid? Injusticia premeditada, misma infracción, disímil criterio.

En Argentina se le está dando forma a la aplicación del VAR en las ligas de AFA. Aunque es difícil imaginar que un fútbol caníbal que no soporta público visitante, pueda aguantar fallos viciados o tendenciosos; sería jugar con pelotas de fuego.

Las experiencias en Copa Libertadores pasadas han sido bochornosas, la semifinal del 2017 entre Lanús y River, y la de River frente a Independiente, por cuartos en 2018. En ambos encuentros hubo una serie de hechos irregulares que ni siquiera pasaron por el tamiz del VAR.

El maestro Galeano hablaba de la tecnocracia del fútbol, pero se refería a la velocidad, la fuerza física que hacían renunciar a la alegría, atrofiaba la fantasía y prohibía la osadía. Pero sin duda la tecnocracia 2.0 que amenaza con contagiar al juego que amamos, es la tecnología mal aplicada y la desvirtualización sistemática del fútbol.

S.O.S, no a la VARdemia, impartidora de injusticias.

Marcial Ferrelli

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