El 20 de septiembre de 2019 la fábrica de pelotas El Pase de Trenque Lauquen que da trabajo a presos en instancias finales de su condena para mejorar su reinserción laboral y social fue reconocida formalmente como cooperativa de trabajo. Repasamos su historia y la emparentamos con otros casos y proyectos similares. Escribe Lucas Jiménez.

Cuando la pandemia no dejaba tantos contagiados y muertos, pero sí había mucho temor y, por ende, poca gente en las calles, también había cierta sensibilidad en la lectura de algunas notas que subimos a la página. Este fue el caso de “Fábrica de pelotas” de Aldana Pozos, donde contaba una historia, ficticia o real, sobre el que sería su padre y tenía una fábrica de pelotas. Una historia que emocionó a mucha gente. Por ejemplo, nos escribió una persona llamada Leandro Barral y nos puso: “No sé si será la cuarentena pero me hizo llorar el cuento. Para los que somos futboleros no hay nada más lindo que nos regalen una pelota”.

Cuando volvimos a subir la nota con alguna foto para replicarla encontré que existía una fábrica de pelotas llamada “El Pase”, conformada por presos que estaban en instancias finales de su condena. Esta fábrica les servía para mejorar la posterior reinserción laboral y social. Así que fui de lleno a averiguar más sobre El Pase y hablé con su director y fundador Martín Herrero, que no es ni fue un preso sino que hace 16 años que visita las cárceles, sobre todo la Unidad 20 del servicio penitenciario bonaerense de su ciudad: Trenque Lauquen.

“El Pase nace a partir de una necesidad de muchos jóvenes que están privados de su libertad y de repente cuando tienen esa necesidad de cambiar, de ser personas de trabajo que se puedan relacionar o vincular con el resto de la sociedad hay que acompañarlos. Tratar justamente de ayudarlos y que puedan tener una oportunidad por eso fue necesario crear una empresa que los tome no solamente cuando estén en libertad sino previo a la salida definitiva. Ellos tiene la oportunidad de pedir un beneficio que son salidas laborales, las cuales le permiten, habiendo un empleador o una empresa que los tome, poder salir a trabajar todos los días y volver al penal a dormir”, nos dice Martín Herrero sobre la idea inicial de cómo nació El Pase.

Martín recalca que lo más importante no era “el hecho de fabricar una pelota sino poder trabajar con ellos en hábitos, costumbres, límites, en cumplimientos de horarios o en respeto hacia un patrón o un compañero, en todo lo que pueda fortalecer su autoestima, en trabajar también barreras de prejuicios. Bueno todo lo que lo pueda empoderar y que puedan creer en ellos para después una vez recobrada la libertad definitiva estén en condiciones de trabajar en cualquier empresa. Para eso El Pase ya tiene algunos convenios con empresas privadas y cuando ellos quedan en libertad, si lograron ser recomendables, están trabajando en esas empresas en blanco”.

A diferencia de lo que se puede llegar a pensar, de que las cárceles están pobladas más que nada por gente grande de 35 años para arriba, las estadísticas dicen lo contrario. La mayoría de las personas que están presas tienen entre 18 y 28 años. Eso muestra que hay delincuencia juvenil. También muestra que hay falta de oportunidades para esos jóvenes. Que les muestren otros caminos en la sociedad. El Pase les da oportunidades laborales una vez que ya cayeron en prisión.

El por qué de la fábrica ya está respondido, ¿pero por qué de pelotas? Lo primero que pensé es porque el fútbol es popular, pero Martin me respondió que se dio más como una casualidad. No fue una elección marcada de ir por las pelotas por la popularidad del fútbol. “Podría haber sido la fabricación de cualquier producto el que iniciara la empresa pero bueno, fueron pelotas de fútbol porque en San Nicolás tengo un amigo. Él también hace con unas maquinitas bastante caseras. Pero hace pelotas de tipo vulcanizadas con el claro objetivo de sacar chicos también vulnerables, los saca de los semáforos y bueno se los lleva y los inicia en el mercado laboral. Les da dignidad. Entonces yo cuando vi ese proyecto dije por qué no para los chicos que están presos así que ahí surge la idea de hacer pelotas de fútbol, de vóley y demás. Después nosotros hicimos la pelota clásica que tiene mucha más mano de obra porque son cocidas, son mucho más artesanales”.

Ahora ya sabemos cómo nace El Pase y por qué fabrican pelotas. Vamos al año 2020, el de la pandemia, que también afectó a El Pase en dos cuestiones. “Nos golpeó bastante más que nada en el proyecto de crecimiento que teníamos porque la idea era replicarlo en otras unidades para seguir generando oportunidades para otras personas. Nos generó un cambio porque desde marzo del año pasado que a las cárceles no entran visitas, tampoco sale nadie, se cortaron los beneficios. Entonces no tenemos presos pero sí también nosotros trabajamos con chicos que están en estado de vulnerabilidad en nuestra sociedad, con ellos hemos venido trabajando y hemos llevado pelotas a cocer a la unidad penal”, explica Martin sobre la primer problemática que fue la imposibilidad de entrar y salir de las cárceles para estas cuestiones. La segunda fue la caída de las ventas que han sido más difíciles en el contexto pandémico. “Pero también tenemos el acompañamiento de muchas empresas, muchos particulares que personalizan la pelota y la acompañan con un logo, un nombre. Es un buen regalo tanto personal como para sus clientes”.

Ya que nos fuimos al 2020, en ese año hubo cacerolazos en las grandes urbes de nuestro país para que no dejen en libertad a los presos. Se comunicó poco y nada en los medios que desde marzo no recibían visitas. Hicieron motines en algunas unidades penitenciarias para ver a sus familiares. Durante casi todo el año no pudo entrar nadie a verlos y tampoco pudieron salir a trabajar los que están cumpliendo las últimas partes de su condena.

Antes de meternos en la visibilización mediática de estos proyectos, que buscan dar una mano para la reinserción laboral de los presos, comparto un fragmento de un texto del gran programa que había en Radio Vorterix, hace algunos años, que iba los sábados al mediodía, y se llamaba La máquina de escribir voces conducido por Julio Leiva. El programa era una entrevista de una hora con un protagonista. Hay una muy buena y que recomiendo con el cineasta y poeta César González, que empezó a leer libros no cuando estaba libre sino en prisión.

En La máquina de escribir voces, Julio Leiva además de preguntar iba escribiendo partes como la presentación del entrevistado. En un momento escribió: “Un pibe que edita una revista a los 20 años sería noticia. Un chico que publica un libro de poesías a los 21, sobre quien el director de la Biblioteca Nacional dice que es el poeta más prolífico de los últimos tiempos, también podría tomar relevancia. Un pibe que a los 23 años dirige su primer programa de televisión también podría ser una novedad. Un joven que a los 24 estrena su primera película seguramente podría lograr trascendencia. Todo eso es César González, un pibe que hoy tiene 25 años pero que fue noticia porque a los 16 fue preso por secuestro y robo, pena que pagó en 4 institutos de menores y 2 penales. Porque parece que un pibe que roba, es más noticia que un pibe que escribe.”

Este texto es de 2015, por eso habla de que César tiene 25 años. Hoy ya tiene 32 y en el camino siguió haciendo muchas más películas. Las pueden buscar y ver en YouTube. Para cerrar con César González y con esto de los prejuicios y desde qué lado están contadas las historias, siempre se narra el diciembre de 2001 como un momento malo en el día a día de las clases populares y de los barrios. En una entrevista que hizo con Marcelo Figueras, en El Destape Radio, César cuenta la Navidad y Año Nuevo de 2001 como el mejor de los que le tocó ver y vivir a él en la villa Carlos Gardel (Morón). Habían ocurrido los saqueos en los mercados próximos a los barrios, nunca había visto tanta comida para fin de año como en ese diciembre. En la nota Marcelo Figueras le dice “esto es surrealista, tenes que hacer una película sobre eso”. Nunca se contó ese diciembre del 2001 tomado desde esa perspectiva. Hay un montón de historias que no están contadas desde la mirada de la gente que las vivió. Se las suele contar de una manera más jerárquica desde arriba.

Hablando de los prejuicios y de la visibilización mediática de proyectos como El Pase, yo estoy más cerca de pensar como Julio Leiva, pero Martín Herrero lo pone en duda. Para él se le da visibilidad. Lo compara con otro muy conocido, el de Los Espartanos, un equipo de rugby que nació en la Unidad Penal N° 48 de San Martín donde, dicho sea de paso, los picaditos se juegan con pelotas de El Pase.

“No sé si le ha dado poca difusión de parte de los medios a este tipo de proyectos. Yo veo por ejemplo Espartanos que es un gran proyecto y han tenido mucho acompañamiento. Creo que nosotros hacemos algo similar y también hemos tenido una buena difusión. Nos entusiasma la idea de la difusión porque empodera mucho a los chicos y eso estimula, motiva, los hace sentir importantes y visibiliza el proyecto. Muchos chicos que pasan por El Pase, y que de repente no son de Trenque Lauquen, cuando quedan en libertad van a sus ciudades y no es lo mismo que hayan salido el día anterior de la cárcel a que hayan pasado por El Pase. A nosotros nos interesa que la sociedades de las localidades de nuestra zona sepan que el individuo que hoy retorna a su pueblo después de haber cumplido una condena, pasó por El Pase y es merecedor de una oportunidad”, pide Herrero.

Ya que los nombró Martín, podemos hablar un poco de Los Espartanos, un equipo de rugby conformado por jugadores de distintos penales. Los All Blacks los han ido a visitar una vez que vinieron a la Argentina a jugar con Los Pumas. Los Espartanos fueron noticia en enero del 2020 tras el asesinato en Villa Gesell de Fernando Báez Sosa a manos un grupo de pibes que juegan al rugby. Sacaron un comunicado donde le daban las condolencias a la familia de Fernando, pero también le abrían sus puertas a los chicos que lo mataron, exculpando al rugby de lo que había ocurrido.

Una parte del comunicado decía: “Nosotros éramos los más violentos de la sociedad. No conocíamos el rugby. Ahora tenemos todos los valores inculcados y estamos aprendiendo a vivir una nueva vida. Gracias a esos valores el rugby nos enseñó a decirle no a la violencia. El rugby no es el problema, es parte de la solución. Nosotros nos cansamos de tener errores pero el rugby nos dio una segunda oportunidad. Esto es Esparta y esta es su casa. Están invitados para ser parte de nuestro equipo”. Luego de esta invitación no hubo más noticias al respecto, no sabemos si la tomaron algunos de los chicos que mataron a Fernando Báez Sosa y que hoy están presos y esperando juicio para su condena.

Pero volvamos a El Pase. Tiene como padrino al polista Adolfito Cambiasso que le llevó la pelota a un tal Lionel Messi, el 10 y capitán de nuestra selección argentina. Martin Herrero nos cuenta cómo se acercó Adolfito a El Pase y cómo le llevó la pelota a Messi: “Trenque Lauquen es una plaza polera muy importante y todos los años se juega la Copa 25 de Mayo en la cual hace un par de años atrás vino Adolfito Cambiasso a jugarla, conoció El Pase y nos visitó. Ahí fue cuando se enamoró del proyecto y bueno él mismo no solo compró pelotas sino que nos prometió darle una a la selección y a Lio Messi. Así que en víspera de la Copa América 2019 la selección estuvo en Cañuelas en la quinta de Cambiasso y ahí es cuando ellos jugaron con la pelota de El Pase, la consideraron extraordinaria y la firmaron todos los chicos, junto a Lio también”.

Adolfito Cambiasso, y todos los jugadores de aquella selección, no son los únicos deportistas conocidos que tuvieron en sus manos una pelota de El Pase. “No solo Lio tuvo la pelota sino también Carlitos Tevez, el Muñeco Gallardo y muchas personalidades que nosotros desde el interior admiramos más que nadie. Muchos chicos jóvenes cuando están haciendo una pelota que saben que va a ir a parar a las manos de unos de estos monstruos, en el buen sentido de la palabra, le escriben el nombre propio adentro de la pelota y cuando Tevez tuvo una pelota nuestra en la mano hubo quien dijo ´me está abrazando a mí porque adentro está mi nombre´”.

A pesar de que las pelotas de El Pase estuvieron en manos de futbolistas famosos, la cuenta de Facebook de la página tiene como foto de portada una imagen de unos niños y niñas africanas con una pelota. Martín Herrero explica la importante historia detrás de esa foto: “Hay una ONG que se llama ´Somos del Mundo´ que visita lugares muy carenciados. En esta oportunidad fueron a Mozambique en África a una comunidad donde tenemos un sacerdote argentino ahí hace muchos años, el padre Juan Gabriel Arias. Conectados con esta ONG se llevaron 8 pelotas de El Pase para distribuir en los diferentes lugares porque la pobreza es tan grande que hay clubes de fútbol pero no funcionan por falta de pelotas, por lo que prácticamente llevaron un tesoro. Así que esa donación que mandamos desde El Pase fue muy significativa y muy valiosa para nuestro espíritu sobretodo”.

Martin nombraba al padre Juan Gabriel, un fanático de Racing que tiene tatuado en el brazo derecho un Jesús con la camiseta blanca y celeste. Hace 7 años ya que vive en Mozambique y, de hecho, hizo una filial de la Academia ahí. Hay muchas fotos de todos con la remera de Racing jugando un partido en el país africano. La historia de Juan Gabriel está hilvanada con la de la fábrica de pelotas El Pase que a su vez está emparentada con la de Los Espartanos. Todas personas que tratan de tenderle puentes y darle oportunidades justamente a gente que no le sobraron oportunidades a lo largo de su vida.

PD: Si quieren comunicarse con El Pase para envíos o simplemente ver todo lo que fueron realizando los pueden encontrar en Facebook como La Fábrica “EL PASE” TL y en Instagram en @el_pase_tl.

Lucas Jiménez

Twitter: @lucasjimenez88

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